“Puentes que se desgajan, vidas que se apagan”
Editorial
Este viernes de prudencia, la realidad nos golpea con fuerza.
Un puente volvió a caer en la República Dominicana, y esta vez fue en Monte Plata, en el tramo Yamasá–Don Juan.
Un camión cargado intentó cruzar lo que ya era ruina, y terminó en tragedia: su conductor, Pablito Díaz, perdió la vida.
Ese puente estaba deteriorado, lo sabían todos, pero seguía abierto. No solo para carros, sino hasta para camiones cargados de agregado.
Este hecho no es aislado: es el retrato de un Estado que mira hacia otro lado mientras las estructuras ceden, los ríos se desbordan y las alcantarillas se borran.
En nuestro país existen 2,264 puentes, y 474 de ellos requieren intervención urgente. Urgente. Pero se posterga lo impostergable.
La temporada ciclónica nos dura seis meses cada año: de junio a noviembre. Lluvias intensas, crecidas de ríos, presiones hidráulicas que erosionan los cimientos. Y aun así, seguimos reaccionando después de la desgracia.
Como bien decimos en mi Vallejuelo amado: “Ponen candado después que roban.”
¿Cuántas vidas más habrá que perder para que se entienda que un puente no se construye para cortar cintas, sino para sostener vidas?
Hoy exigimos auditorías serias, sanciones ejemplares y mantenimiento real. Que cada centavo invertido cuente. Porque lo que está en juego no es asfalto, ni hierro: son vidas humanas.
