“CUANDO EL HONOR CALLA… LA PATRIA TIEMBLA”
EL EDITORIAL DE HOY
Cuando el honor se convierte en discurso, la Patria comienza a temblar.
Cuando los deberes se disfrazan de derechos, la disciplina se diluye…
y la soberanía, señores, se convierte en espejismo.
Las Fuerzas Armadas no son laboratorio, ni pasarela, ni espectáculo.
Son escudo, columna, doctrina, sacrificio, obediencia y memoria histórica.
Allí no se improvisa… se honra.
Allí no se negocia… se cumple.
Allí no se opina… se sirve.
Cuando a un soldado se le quita el honor, no queda militar: queda usuario del uniforme.
Cuando se reduce la obediencia, no hay ejército: hay multitud.
Cuando se mutila la doctrina, no hay soberanía: hay riesgo.
Lo advirtió Edmund Burke con precisión filosófica:
“Una nación que negocia sus principios, comienza a subastar su libertad.”
Y Napoleón lo gritó sin temor:
“Un ejército no teme a miles de enemigos, sino a una sola fisura en su moral.”
La Patria no se defiende con consignas, sino con carácter.
No se guarda con decretos, sino con principios.
No se fortalece con aplausos, sino con convicción.
Hoy, el debate no es quién entra o quién no entra…
El verdadero debate es:
¿Estamos fortaleciendo la esencia institucional…
o estamos abriendo puertas donde deberían quedar muros?
Porque mi Vallejuelo querido lo dice sin academia, pero con sabiduría:
“Si la muralla pierde un ladrillo… se convierte en un muro en peligro.”
Modernizar no es mutilar.
Reformar no es desfondar.
Avanzar no debe significar renunciar.
La Patria no se improvisa.
El honor no se negocia.
Y la dignidad militar… señores, tampoco se experimenta.
Cuando el honor calla… la Patria tiembla.
Y cuando la Patria tiembla… ya es demasiado tarde para hablar.
HASTA AQUÍ, NUESTRA NOTA EDITORIAL…
