CUANDO EL PODER SE DISFRAZA DE PUEBLO
EL EDITORIAL DE HOY
Señoras y señores:
En la vida republicana hay verdades que queman… y otras que liberan.
Hoy traigo una que muerde, pero despierta: cuando el poder se disfraza de pueblo, es el pueblo
quien termina desnudo.
La democracia —esa obra maestra tallada en sacrificio— no muere de un zarpazo;
muere de excesos, de permisividades, de indulgencias irresponsables,
muere cuando confundimos tolerancia con debilidad,
y diversidad con desorden.
Un país no se edifica con aplausos fáciles, ni con discursos maquillados; se levanta con
instituciones firmes, con límites claros, con ciudadanos vigilantes.
Porque donde la ley se relativiza, el abuso se institucionaliza…y cuando el ruido político supera el
sentido común, la patria paga las consecuencias.
Hoy enfrentamos un tiempo donde algunos confunden capricho con derecho, y presión callejera
con legitimidad democrática. Pero la verdad es directa, sin maquillaje: si el Estado se arrodilla
ante los excesos, la democracia se convierte en espectáculo, y no en sistema.
La historia enseña —sin pedir permiso— que los pueblos que abandonan la disciplina cívica
terminan atrapados en sus propios libertinajes. Y es ahí donde la democracia deja de ser faro,
y se convierte en sombra.
Por eso, este es el momento de hablar con claridad, con firmeza, con temple de acero:
la democracia no se defiende halagándola… se defiende protegiéndola. No se preserva con
debilidades… se preserva con instituciones fuertes, reglas claras y ciudadanos conscientes.
República Dominicana, hoy no podemos ser espectadores. Hoy nos toca ser guardianes.
Porque cuando la democracia tiembla… también tiembla la nación.
HASTA AQUÍ NUESTRA NOTA EDITORIAL
