“CUANDO EL TITULO SE COMPRA… EL HONOR SE PIERDE”
EL EDITORIAL DE HOY
Señoras y señores, hay verdades que no caben en un titular, ni se esconden detrás de una
toga, un estetoscopio, un casco de ingeniero o un sello notarial. El juramento profesional
no es poesía de ceremonia ni diploma enmarcado. Es la firma moral que estampamos en el
alma. Es pacto de honor, contrato de conciencia y compromiso de verdad. El juramento no
se declama… se defiende. No se pronuncia… se practica. No se vende… se honra.
Pero hoy, con vergüenza patria y dignidad dolida, debemos proclamarlo:
La ética está en urgencias, la moral en terapia intensiva y la dignidad profesional… en
subasta pública. La vocación ha sido intoxicada por la ambición, la integridad secuestrada
por el interés, y el honor… hipotecado al mejor postor. Hoy se especula con títulos, se
negocia con principios, se alquila la conciencia y se mercadea la dignidad.
Porque un médico sin ética es bisturí sin corazón.
Un abogado sin moral es toga sin justicia.
Un ingeniero sin dignidad es plano sin cimientos.
Un educador sin valores es tiza sin futuro.
Y un profesional sin juramento… es simplemente un negociador de servicios.
Cuando el título se compra, el carácter se vende.
Cuando el juramento se olvida, la nación se deteriora.
Cuando el conocimiento pierde la conciencia, la sociedad pierde el alma.
Albert Einstein lo advirtió con claridad luminosa:
“El valor del hombre no está en lo que sabe, sino en lo que hace con lo que sabe.”
Y Sócrates lo selló para la historia:
“Educar no es llenar un vaso, es encender un fuego.”
Ese fuego hoy humea. Le sopla el viento de la conveniencia, lo amenaza el interés, lo
apaga la indiferencia. Se ha extinguido la pasión por servir y ha nacido la ansiedad por
cobrar. La palabra ya no pesa, el mérito ya no importa, y muchos borraron su juramento
con la goma del oportunismo.
LO DICEN EN MI VALLEJUELO QUERIDO:
“El que vende su palabra… remata su nombre.”
Ha llegado la hora de recuperar el honor profesional. Devolverle dignidad a la toga,
respeto al sello, alma al título, conciencia a la ciencia, y moral a la técnica. Porque cuando
el juramento se honra, la Patria respira. Cuando el profesional es digno, la Nación se
fortalece. Y cuando la conciencia despierta… el futuro florece.
El juramento no se olvida… se sostiene.
No se archiva… se vive.
No se alquila… se inspira
HASTA AQUÍ, NUESTRA NOTA EDITORIAL.
