¡LA AUTORIDAD PERDIÓ EL NORTE!
EL EDITORIAL DE HOY
Hoy, la nación se pregunta en voz alta:
¿Para qué sirve la autoridad cuando pierde su propósito?
La DIGESETT, institución creada para educar y proteger, parece haber tomado un desvío peligroso:
la ruta de la recaudación.
Las cifras hablan por sí solas: más de un millón de multas en apenas seis meses… y,
paradójicamente, el caos en las calles sigue igual o peor.
Cuando la ley se convierte en negocio, la justicia se empobrece.
El respeto se diluye, y la autoridad —por exceso o por abuso— pierde su esencia moral.
Como dijo Benito Juárez, “El respeto al derecho ajeno es la paz.”
Pero cuando ese respeto se pierde, la paz también desaparece.
Un agente no debe ser cazador de cheques,
ni el ciudadano su presa cotidiana.
El deber de la autoridad es servir, no someter;
educar, no humillar; orientar, no provocar.
Desde mi Vallejuelo querido se entiende con sabiduría campesina:
“Si el que manda solo busca dinero, la ley pierde su alma.”
Y sin alma, la autoridad deja de ser guía para convertirse en sombra.
Este llamado no admite demoras:
¡Que el Gobierno, el Ministerio de Interior y Policía, el INTRANT y la DIGESETT rectifiquen el
rumbo!
Que devuelvan la confianza, que separen el deber del interés, y que la autoridad vuelva a ser
sinónimo de respeto y justicia, no de miedo ni de cobro.
Solo con respeto mutuo —autoridades formadas y ciudadanos conscientes—
podremos recuperar el orden con honor,
la ley con justicia,
y la autoridad con decencia.
